Bahidorá 2025: lo bueno, malo y raro del Día 3 con la cumbia como protagonista

El festival Bahidorá, reconocido por su atmósfera única, tiene una mezcla de experiencias que van desde lo más relajante hasta lo desconcertante.

Lo bueno del festival se refleja en esos momentos de desconexión total. Después de un par de días intensos de música, uno de los puntos más gratificantes fue nadar en el río, disfrutando del agua fresca y el sol mientras la música de fondo creaba el ambiente perfecto para resetearse.

Esa sensación de desconectar del bullicio para disfrutar de lo esencial fue un verdadero refugio. El final del festival también resultó ideal, disfrutando de una cerveza fría, bailando y aprovechando el ambiente relajado para culminar con una deliciosa cecina en el camino de regreso a Ciudad de México.

Este tipo de experiencias son lo que realmente dan sentido a la vibra del festival.
Sin embargo, no todo fue tan placentero. Lo malo vino con las intervenciones de Los Askis, que generaron momentos incómodos para varios asistentes. La banda, conocida por sus cumbias andinas, se dedicó a hacer comentarios forzados sobre enfermedades sexuales y a criticar figuras como el presidente estadunidende, Donald Trump, algo que no cayó bien en el público.

Estas intervenciones, sumadas a su actitud boomer y algo desconectada, hicieron que varios abandonaran el show antes de que terminara. Además, la cultura del festival, centrada en mostrar cuánto se puede resistir, creó una competencia no saludable por aguantar hasta altas horas, incluso cuando ya no se estaba disfrutando del todo. Esta actitud de «aguantar» parece restar protagonismo a lo que realmente importa: disfrutar de la música y el ambiente de manera consciente.

Lo raro, por otro lado, estuvo en la curiosa mezcla de público y géneros. Fue interesante ver cómo un público mayoritariamente extranjero, junto con un sector de mexicanos, disfrutaba de la cumbia, un género profundamente enraizado en la cultura mexicana.

La sorpresa fue aún mayor al ver cómo ciertos asistentes, que tal vez no tenían una conexión directa con este género, coreaban canciones como “Amor Regresa” y “Vienes y Te Vas”. La cumbia, en particular, resonó en un espacio que no se esperaba, generando una sensación extraña al ver a un público fuera de contexto disfrutarla con tanto entusiasmo.

En resumen, Bahidorá, como todo gran festival, tiene sus altibajos. Mientras que algunos momentos de relax y disfrute auténtico fueron lo mejor de la experiencia, otros, como las intervenciones forzadas y la actitud de resistencia a ultranza, dejan una sensación mixta que invita a reflexionar sobre lo que realmente buscamos en eventos como este.

Por Sherlyn Acevedo

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