El pasado 28 de abril, Monterrey fue testigo de un espectáculo único con la presentación de Lorde en el Auditorio Banamex. La artista neozelandesa ofreció un show que desbordó autenticidad y energía, dejando claro que sabe cómo conectar con su público más allá de lo convencional.
Desde el inicio, Lorde sorprendió con una actitud desenfadada: vestida con una camisa rota, jeans sencillos y sin maquillaje, transmitió la idea de “dar todo sin dar nada”. En algunos momentos incluso se quitó el cinturón y los jeans, provocando euforia entre los asistentes. La espontaneidad alcanzó su punto más alto cuando corrió en una caminadora estática y cantó directamente a un abanico industrial, gestos que reforzaron su estilo irreverente y cercano.
En definitiva, el concierto de Lorde en Monterrey fue una mezcla de autenticidad, producción impecable y conexión emocional. Una propuesta que rompió esquemas y dejó claro que la artista no necesita artificios para brillar: basta su entrega total y su capacidad de transformar lo simple en memorable.






Cuando la puesta en escena conquista al público más exigente
La producción fue impecable. Con dos bailarines que acompañaron coreografías precisas, un despliegue de láseres, iluminación envolvente y una mini pasarela que la acercó al público, el concierto se convirtió en una experiencia visual y sensorial. Temas como “Green Light” y “Perfect Places” se potenciaron con este montaje, generando momentos de euforia colectiva.
A esto se sumaron sintetizadores y músicos en bajo y guitarra, creando una atmósfera rica y dinámica que dio soporte a su voz potente y emocional. Canciones como “What Was That?” y “Supercut” brillaron con arreglos que reforzaron la intensidad de cada acto, mientras que la interpretación de “Liability” ofreció un respiro íntimo y conmovedor.
El espectáculo estuvo dividido en cuatro actos, cada uno con su propia narrativa y estética, lo que permitió al público recorrer distintas facetas de la artista. En uno de los momentos más memorables, Lorde decidió pasar entre el público durante “David”, generando una conexión íntima y directa que pocas veces se logra en conciertos de gran escala. El cierre con “Ribs” reafirmó su capacidad de transformar lo simple en memorable, dejando a Monterrey con una noche inolvidable.
La respuesta del público regio fue extraordinaria. Monterrey, conocido por ser difícil de complacer, se mostró más emocionado que nunca. Los gritos, aplausos y ovaciones demostraron que Lorde logró conquistar a una audiencia exigente, convirtiendo la noche en un evento inolvidable.
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