¿Alguna vez un artista te deja con más preguntas que respuestas después de una presentación en vivo? A mí me pasó con Reyna Tropical, quien me hizo cuestionarme: ¿qué tanto recordamos realmente de lo que vemos en un concierto? Esa pregunta resonó en mi mente durante todo el fin de semana y, sin duda, dará vueltas en mi cabeza por un buen tiempo.
Lo que me hizo plantearme esta reflexión fue su presentación en el escenario La Estación, donde además de cautivarme con su poderosa voz, su baile sensual y su discurso queer, afro y mexicano, lanzó dos mensajes contundentes al público: “acuérdense de lo que están viendo, tomen foto, recuerden este momento”. Estas palabras quedaron grabadas en mi mente, especialmente mientras todos bailaban como zombies, un poco antes del atardecer del sábado. En ese instante, me di cuenta de lo fácil que es dejarse llevar por el ritmo sin realmente estar presentes en lo que está ocurriendo.
Este fenómeno no es ajeno al contexto del festival, conocido por su la tolerancia hacia el consumo de ciertas sustancias. De hecho, cuentan con un stand en el que analizan las drogas para asegurarse de que sean «aptas» para su consumo. Y ahí está la cuestión: ¿realmente vivimos el momento si estamos alterados? Tras una experiencia así, ¿seremos capaces de recordar lo que vimos o simplemente será una vaga sensación del pasado?
Reyna Tropical, con su entrega en el escenario, me hizo pensar si, en el futuro, cuando lleguemos a la próxima edición de Bahidorá, recordaremos su presentación como algo significativo o si será solo un momento perdido en el limbo de lo efímero, donde la euforia del momento opacó lo realmente valioso. Y eso me hace pensar: ¿cuánto de lo que vivimos en estos festivales estamos verdaderamente experimentando, y cuánto estamos sólo dejando pasar?
Con todo esto en mente, quiero compartirles que uno de mis shows favoritos fue, sin duda, el de Reyna Tropical. Esta artista tiene una personalidad auténtica que me encanta, algo que no siempre encuentro en otros proyectos musicales que sigo. Incluso cuando los veo en vivo, a veces pienso: “me quedó a deber”. Pero no con Reyna. Ella hizo bailar a las mujeres presentes (que éramos mayoría), siempre ingeniosa, se movía con libertad, tiraba flores, tomaba su guitarra y se ponía en su papel de vaquera, manteniéndolo de principio a fin. Su energía era contagiosa, y su presencia en el escenario, impresionante.
Otra de las presentaciones que más me marcaron fue la de Floating Points, a.k.a. Samuel Shepherd. Por primera vez en México, y esta vez con ¡un LIVE! Después de que nos dejara esperando con su Dj Set en Ceremonia 2024, verlo en vivo, haciendo su música y experimentando en tiempo real, fue increíble. Mis oídos tuvieron un “orgasmo» cuando tocó «Birth4000«. Un aplauso para las encargadas de los visuales, porque fueron una pieza clave en la experiencia. Si no lo sabías, los visuales fueron creados por la artista Akiko Nakayama, quien crea alive paintings. En esencia, son pinturas en vivo de un escenario dinámico que cambia constantemente a través de la pintura y los sonidos. En su proceso, utiliza una pipeta para esparcir gotas de líquido mágico en un plato, mientras las formas giran fascinantes en tiempo real. Junto a ella estaban Hamill Industries, colaboradores de larga data de Floating Points, que deformaban y destruían esas formas, proyectándolas en enormes pantallas llenas de imágenes brillantes y vibrantes.
Otra presentación que me encantó fue la de Ezra Collective, quienes, por primera vez, pisaron tierras mexicanas. Los originarios de Londres pusieron a bailar a todos al ritmo del «Rastafari Vibration«, con temas de su álbum Where I’m Meant To Be de 2022, que ganó el Mercury Prize. En mi Spotify 2024, su canción «God Gave Me Feet for Dancing» salió en mi top 5 de canciones más escuchadas, por lo que verla en vivo fue uno de los momentos más esperados de la noche. Son unos prodigiosos del jazz en todas sus ramas, y su energía fue un deleite total.









Y claro, no podía faltar Kaytranada. Por fin pisó nuevamente tierras mexicanas para dar su verdadero show, uno que lo representara de manera más fiel. Recordemos que el año pasado en el EDC, fue abucheado, pues aunque es un genio de la electrónica, su estilo no es lo que normalmente se escucha en eventos como EDC o el Ultra Festival.
Esta vez, fue justo lo que necesitábamos: verlo en su propio espacio, haciendo lo que sabe hacer. Siempre agradeció al público por estar ahí, disfrutó el momento y no dejó de interactuar. Shoutout a este tipo de artistas, que mantienen una actitud positiva y se entregan por completo.
Me escapé un rato el sábado para disfrutar de Karen y los Remedios con su cumbia psicodélica rebajada y luego el Frente Cumbiero, ¡qué rico bailongo! Fue lo justo para seguir sudando al ritmo de las caderas y los hombros antes de irme a mover la colita en el bellakeo. Confirmo que tener espacios donde se ponga reguetón me encanta, porque siempre es buen momento para bailar un rato y luego regresar a la música en vivo con toda la energía.
Por otro lado, Angélica García se lleva mi reconocimiento por su gran álbum Gemelo. Sin embargo, su presentación en vivo aún necesita consolidarse. Su forma de bailar me recordó a artistas como Jarvis Cocker de Pulp o Lorde, quienes también son conocidos por tener movimientos corporales peculiares pero encantadores.
En el caso de Angélica, su show aún carece de más producción. Tal vez unos buenos visuales y un espacio cerrado o nocturno habrían hecho la diferencia y mejorado la experiencia musical. Esto subraya la importancia de los espacios en los que se presenta la música y cómo influye en nuestra experiencia.
Y finalmente, un lindo momento fue el de Diles Que No Me Maten, quienes a las 4 de la tarde estaban tocando en La Estación, con un público reducido pero muy agradecido. Me gustó mucho su sinceridad al agradecer a las personas que fueron a verlos, a pesar de que su estilo no encajaba del todo con la vibra del festival. Esos pequeños momentos de honestidad, donde el público prefiere ir a verlos a nadar en el río o tomar el sol, me hicieron sentir que el festival también es para quienes van a disfrutar de todo a su propio ritmo.
Por Sherlyn Acevedo
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