Por César García Durán (@Chini_Tkhs)
El Teléfono Negro contiene esa premisa, un aparato para llamar, tu única salvación en la inminente muerte que te espera, no funciona, es viejo, oscuro, pero de pronto suena sin parar.
Uno, dos, tres timbres, parece un un sueño que no termina pero te despierta cada vez que piensas en tomar una decisión, y sí, los sueños también son reflejo de los hechos en esta ocasión.
Súmale a ese suspenso que estás encerrado y sin salida, y eres un niño, un simple crío que ni siquiera se sabe defender en el mundo real, mucho menos en las garras de “El Raptor”, un hombre que no es la primera vez que asesina a un menor en esta película.
Del creador de Siniester (I y II), Dr. Strange y El Exorcismo de Emliy Rose (Scott Derrickson), llega esta cinta titulada “The Black Phone”. En este film se cuenta la historia de John Finney (Mason Thames) un chico de 13 años raptado por un aparente mago de fiestas y encerrado en el sótano de un misterioso y terrible hombre conocido como Al.
Al pasar de las horas, se ve rodeado de los cadáveres de media docena de niños asesinados, incapaz de entender dónde está, porqué llegó ahí y cómo puede escapar de esta escena escabrosa.
John se encuentra en un primer diálogo con su secuestrador, un teléfono antiguo desconectado hace mucho tiempo que, aunque se le ha dicho que no funciona, empieza a sonar incansablemente.
Cuando finalmente decide contestar, escucha los susurros y balbuceos de un niño (y después de otros) víctimas previas y perdidas que quedaron impregnados en las paredes del sótano donde se encuentra.
El Teléfono Negro viene a reivindicar de un modo el género de terror-suspenso después de varios intentos fallidos de muchas productoras, claro, esta vez de la mano de Blumhouse y Universal Pictures, que dan muestra de que aún se puede hacer terror del bueno, sin llegar a ser exagerados o mostrar seres inhumanos.
Esta película estará disponible en cines de México a partir del próximo jueves 23 de junio. Un pretexto perfecto para regresar de lleno a los cines (a darte unos buenos sustos, y hasta risas involuntarias) para estar en la silla apretujado a la espera de la conclusión, tal vez, abrazado de la persona que será el amor de tu vida o tus mejores amigos espantados una y otra vez.
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