Por César García Durán (@Chini_Tkhs)
Los riffs poderosos, pero mal interpretados de “Machinery Of Torment” de Skullflower, suenan en distorsión en las bocinas de un amplificador mientras vemos varios close up de pedales, guitarras metaleras, una batería y posters de bandas como Pantera, Motörhead, Black Sabbath, In Flames, Megadeth o Slipknot, que nos dan la entrada a escena de Kevin y Hunter (quien porta una playera de Anthrax) en un cuarto de ensayo.
A un cierto estilo de lo que fue alguna vez “La Escuela del Rock” (2003, con Jack Black), con un poco de sátira como la de “Hesher” (2010, con Joseph Gordon-Levitt), esta comedia sonorizada con el género musical olvidado por las masas y la moda, nos presenta la historia de dos amigos, diferentes (aparentemente) en personalidad, pero con muchas cosas en común. que buscan tocar en la batalla de bandas escolar para convertirse en los nuevos reyes del metal.
En este camino por la gloria, Kevin conoce a Emily, una exintegrante de la banda escolar, que se convierte en chelista clásica (y es un prospecto a bajista de su banda) quien tiene una concentración de serotonina en sus sinapsis muy baja, la cual le provoca cambios de personalidad, tales como una fuerte agresividad cuando se enoja.
Los tres personajes “marginados” por sus gustos y personalidades, viven el día a día escolar entre el despertar sexual, las abusos de los bullyings, problemas familiares, excesos y sus consecuencias, para intentar sobrevivir a la adolescencia.
Razones (extras) para verla:
Tal vez no sepas quién es Skullfucker (o Skullflower), pero después de ver esta película original de Netflix, conocerás a tu nueva banda favorita, y sí, si aún lo dudabas, no es indie rock, no hablamos de reguetón, ni tampoco de rap, trap o hip hop, hablamos de metal, pesado y puro heavy metal.
Es protagonizada por Jaden Martell (Kevin), Adrian Greensmith (Hunter) e Isis Hainsworth (Emily), con la producción ejecutiva musical de Tom Morello (guitarrista de Prophets of Rage, Rage Against The Machine y Audioslave), quien también aparece en la cinta, así como los cameos de los icónicos Kirk Hammett (Metallica), Scott Ian (Anthrax) y Robert Halford (Judas Priest).
El soundtrack es excepcional: canciones como “The Trooper” (Iron Maiden), “Metal Gods” y“Painkiller” (Judas Priest), “War Pigs” (Black Sabbath), “For Whom The Bell Tolls”, “Master Of Puppets” y “Whiplash” (Metallica), “Blood And Thunder” (Mastodon), “Cowboys From Hell” y “I’m Broken” (Pantera), entre otras, amenizan puntualmente la cinta.
En apariencia palomera, esta película no solo te hará pasar varios momentos de risa, sino que te hará recordar (y conocer) por qué el metal es uno de los géneros que nunca morirá y seguirá así a lo largo de la historia. Si eres fan del género, debe ser imperdible para ti, y si no lo eres, ¿qué esperas para serlo? Pero no me crean a mí, mejor vayan a verla. Hail Satan.